Sí, amigo lector... sí...
Sí, amigo lector... de nuevo por aquí. Ya sé que cada vez tengo menos excusas, pero entiéndeme... el trabajo, el estrés... y además, esto de vivir solo implica unas responsabilidades que se asemejan a necesidades... o me hago la cena o no ceno. Pero bueno, supongo que lo interesante es que veas que, a pesar de todo, no me olvido de ti. Y sí. Si estoy de nuevo por aquí es porque algo ha pasado en mi vida. Y no. Esta vez no me he ido a Dakar otra vez buscando a la chica de la vía 2. No..... Esta vez no ha hecho falta irme a la otra punta del mundo... esta vez el mundo ha venido a mi (hay que ver como suenan algunas frases... "el mundo ha venido a mi"...).
De nuevo... así, tal como suena... de nuevo. Ya sabes que a mi eso de la soltería me está sentando demasiado bien, o no, depende de cómo se mire, y que el tema de solteras o casadas lo llevo con muchísima discreción (vaya que no me importa en absoluto el estado civil de ninguna de las mujeres que se me acercan)... y claro, ante tales circunstancias, pues que uno no es de piedra y ha vuelto a pasar. Y esta vez junto a la fuente que tenemos en la oficina. La cosa está en que sin saberlo, amigo lector, mi estado emocional ha dado un par de saltos mortales para acabar con una taquicardia digna de cualquier ataque cardíaco. ¡Pero es que esta vez es la definitiva! Que ya estoy cansado de tanto ir y venir. Que uno tiene cierta dignidad, ¡Joder! Y no te me pongas vacilón, amigo lector, que tu labor es escuchar cada una de mis idas y venidas.
Bueno, a lo que iba. Que esta vez sí. Que creo que la he encontrado. Voy a obviar su nombre, básicamente porque a tí te debe importar bien poco, aunque para tu conocimiento, tiene algo que ver con las manzanas de Tell. En fin... que eso, que en 7 meses he hablado con ella 7 veces. Pero suficiente, amigo lector, suficiente...Supongo que querrás saber si definitivamente he encontrado algo normal en mi mundo de obstáculos amorosos... no te avanzo nada... sólo que le he tocado... ¡No! No te escandalices, amigo lector, que no hemos hecho nada en el cuarto de la máquina de café... bueno, nada que no debiésemos hacer, es decir, que hemos tomado algún que otro chocolate y nada más... Ahora es cuando estás pensando que estoy muy mal, que mis inversiones en terapias grupales y en crecimiento personal no han servido de nada... y quizás tengas razón. Pero es que la tendrías que ver (o no, que igual eres capaz de fastidiarme mi ilusión, que te conozco, amigo lector). Ya se me ha ido la cabeza y todavía no te he dicho nada de ella... ¿Por dónde empezar? No te importará que el inicio sea estremecedor. Ella es... hermosa. Sí. Ese es el concepto que la define a la perfección. Es una mujer posiblemente demasiado alta para mi estatura, aunque eso no es precisamente una tarea extremadamente complicada debido al escaso estirón que di durante mi adolescencia (ya sabes que siempre he tenido la sensación de haber vivido entre el 1.60 y el 1.68). Si la vieras, amigo lector, tus ojos se derretirían ante su cuerpo. Una silueta perfectamente detallada, como la fina línea que dejan las olas en la arena al volver hacia el mar... un cuerpo que se derrite cada vez que su sombra la mira. Aunque yo me quedo con su cuello... terso, tremendamente dulce, ideal para que la timidez de las mariposas se posen. Tiene los ojos de un verde con sabor a tierra. A veces, cuando nos cruzamos una mirada absurdamente inocente creo ver en ellos esa mezcla de salvajismo que vi por primera vez en Senegal y que ya te expliqué en su momento. Y jamás lleva pendientes largos... Quizás, el dibujo acabaría en una sonrisa tímida que descubre un punto de timidez, ese punto necesario para que su belleza se adueñe de mi frágil y condicionada imaginación. No sé si es necesario seguir más allá... cuando estoy con ella cuelgo de un trapecio excesivamente peligroso. La veo apoyada con su chocolate entre unas manos finas de dedos escrupulosamente asignados por el estilismo más perfecto y contorneándose con la naturalidad de un cuerpo que se sabe apetitosamente atractivo. ¡Ay, amigo lector, que sólo de pensarlo me estoy poniendo enfermo! ¡Es que la tendrías qué ver! Bueno no, mejor no que no la veas (ya es la segunda vez que te lo digo...).
Pero la cosa está en nuestra comunicación no verbal. Y digo no verbal porque es una relación basada en la distancia que nos proporciona un pasillo de unos 10 metros y dos puertas. En esa comunicación telemática (porque como muy bien te has imaginado, esa es nuestro medio) aparecen los más impecables momentos de mi jornada laboral. Es ahí donde sus palabras de acento de poniente surgen para desmontarme entre risas. Hace 7 meses que de un hola hemos sido capaces de pasar a explicarnos... bueno... poca cosa más, la verdad... pero ese poco para mí ha sido un mundo... sí, amigo lector... cierro los ojos y la veo estudiando para sacarse el dichoso carné de conducir y conducir su Mercedes Clase A (que eso sí que lo tiene, que la muchacha tiene clase y coche, aunque no permiso para conducirlo) hasta la puerta de mi piso. Cierro los ojos y la tengo a mi lado, sonriéndome mientras le cuento que me gustaría irme a Roma con ella y ella me cuenta que le regaló una i-Pod a su novio. ¡¡¡¡Paaaaaaaaaaam!!!! Me la pegué!!! Sí, amigo lector... me la pegué de nuevo! Y pedazo de ostia más bien dada, por Dios! Ni en mis viejos tiempos de pendón... ni en mis peores momentos de "soltero sin remordimientos busca mujer sin complejos para no buscar causas ni obtener consecuencias"... Si estaba claro que semejante princesa no podía estar esperando... si es que estaba claro!Ya ves, amigo lector... de nuevo mis andanzas quijotescas... que no tengo remedio, vaya... que un día de estos me voy a ir a buscar esos dichosos molinos disfrazado de SanchoPanza... aunque creo que me quedaré con los de nueva generación (que aunque no venga a cuento, sí que te contaré que este último año he sacado un dinerito extra invirtiendo en ellos).
En fin... que de nuevo mi estado sentimental se asemeja al de una alcachofa pasada por el horno y dispuesta a ser comida... en cualquier caso, amigo lector, sí te digo que no renuncio a nada y que en breve volverás a recibir noticias mías y quizás desde Roma...
De nuevo... así, tal como suena... de nuevo. Ya sabes que a mi eso de la soltería me está sentando demasiado bien, o no, depende de cómo se mire, y que el tema de solteras o casadas lo llevo con muchísima discreción (vaya que no me importa en absoluto el estado civil de ninguna de las mujeres que se me acercan)... y claro, ante tales circunstancias, pues que uno no es de piedra y ha vuelto a pasar. Y esta vez junto a la fuente que tenemos en la oficina. La cosa está en que sin saberlo, amigo lector, mi estado emocional ha dado un par de saltos mortales para acabar con una taquicardia digna de cualquier ataque cardíaco. ¡Pero es que esta vez es la definitiva! Que ya estoy cansado de tanto ir y venir. Que uno tiene cierta dignidad, ¡Joder! Y no te me pongas vacilón, amigo lector, que tu labor es escuchar cada una de mis idas y venidas.
Bueno, a lo que iba. Que esta vez sí. Que creo que la he encontrado. Voy a obviar su nombre, básicamente porque a tí te debe importar bien poco, aunque para tu conocimiento, tiene algo que ver con las manzanas de Tell. En fin... que eso, que en 7 meses he hablado con ella 7 veces. Pero suficiente, amigo lector, suficiente...Supongo que querrás saber si definitivamente he encontrado algo normal en mi mundo de obstáculos amorosos... no te avanzo nada... sólo que le he tocado... ¡No! No te escandalices, amigo lector, que no hemos hecho nada en el cuarto de la máquina de café... bueno, nada que no debiésemos hacer, es decir, que hemos tomado algún que otro chocolate y nada más... Ahora es cuando estás pensando que estoy muy mal, que mis inversiones en terapias grupales y en crecimiento personal no han servido de nada... y quizás tengas razón. Pero es que la tendrías que ver (o no, que igual eres capaz de fastidiarme mi ilusión, que te conozco, amigo lector). Ya se me ha ido la cabeza y todavía no te he dicho nada de ella... ¿Por dónde empezar? No te importará que el inicio sea estremecedor. Ella es... hermosa. Sí. Ese es el concepto que la define a la perfección. Es una mujer posiblemente demasiado alta para mi estatura, aunque eso no es precisamente una tarea extremadamente complicada debido al escaso estirón que di durante mi adolescencia (ya sabes que siempre he tenido la sensación de haber vivido entre el 1.60 y el 1.68). Si la vieras, amigo lector, tus ojos se derretirían ante su cuerpo. Una silueta perfectamente detallada, como la fina línea que dejan las olas en la arena al volver hacia el mar... un cuerpo que se derrite cada vez que su sombra la mira. Aunque yo me quedo con su cuello... terso, tremendamente dulce, ideal para que la timidez de las mariposas se posen. Tiene los ojos de un verde con sabor a tierra. A veces, cuando nos cruzamos una mirada absurdamente inocente creo ver en ellos esa mezcla de salvajismo que vi por primera vez en Senegal y que ya te expliqué en su momento. Y jamás lleva pendientes largos... Quizás, el dibujo acabaría en una sonrisa tímida que descubre un punto de timidez, ese punto necesario para que su belleza se adueñe de mi frágil y condicionada imaginación. No sé si es necesario seguir más allá... cuando estoy con ella cuelgo de un trapecio excesivamente peligroso. La veo apoyada con su chocolate entre unas manos finas de dedos escrupulosamente asignados por el estilismo más perfecto y contorneándose con la naturalidad de un cuerpo que se sabe apetitosamente atractivo. ¡Ay, amigo lector, que sólo de pensarlo me estoy poniendo enfermo! ¡Es que la tendrías qué ver! Bueno no, mejor no que no la veas (ya es la segunda vez que te lo digo...).
Pero la cosa está en nuestra comunicación no verbal. Y digo no verbal porque es una relación basada en la distancia que nos proporciona un pasillo de unos 10 metros y dos puertas. En esa comunicación telemática (porque como muy bien te has imaginado, esa es nuestro medio) aparecen los más impecables momentos de mi jornada laboral. Es ahí donde sus palabras de acento de poniente surgen para desmontarme entre risas. Hace 7 meses que de un hola hemos sido capaces de pasar a explicarnos... bueno... poca cosa más, la verdad... pero ese poco para mí ha sido un mundo... sí, amigo lector... cierro los ojos y la veo estudiando para sacarse el dichoso carné de conducir y conducir su Mercedes Clase A (que eso sí que lo tiene, que la muchacha tiene clase y coche, aunque no permiso para conducirlo) hasta la puerta de mi piso. Cierro los ojos y la tengo a mi lado, sonriéndome mientras le cuento que me gustaría irme a Roma con ella y ella me cuenta que le regaló una i-Pod a su novio. ¡¡¡¡Paaaaaaaaaaam!!!! Me la pegué!!! Sí, amigo lector... me la pegué de nuevo! Y pedazo de ostia más bien dada, por Dios! Ni en mis viejos tiempos de pendón... ni en mis peores momentos de "soltero sin remordimientos busca mujer sin complejos para no buscar causas ni obtener consecuencias"... Si estaba claro que semejante princesa no podía estar esperando... si es que estaba claro!Ya ves, amigo lector... de nuevo mis andanzas quijotescas... que no tengo remedio, vaya... que un día de estos me voy a ir a buscar esos dichosos molinos disfrazado de SanchoPanza... aunque creo que me quedaré con los de nueva generación (que aunque no venga a cuento, sí que te contaré que este último año he sacado un dinerito extra invirtiendo en ellos).
En fin... que de nuevo mi estado sentimental se asemeja al de una alcachofa pasada por el horno y dispuesta a ser comida... en cualquier caso, amigo lector, sí te digo que no renuncio a nada y que en breve volverás a recibir noticias mías y quizás desde Roma...
